No es gris ni negro, solo marrón









He vivido en una residencia universitaria durante dos meses. 

Con un propósito. 

Dos meses para acabar la tesis doctoral. 

Dos meses en otro país, otro idioma. 

Una beca, un propósito.

Terminar tus estudios. 

Acabar (con) la universidad. 

Pero rodeado. 

Rodeado de personas que recién la empiezan. 

Diez años menos. 

Veinteañeros, de todas partes del mundo. 

Conflictos temporales, raciales o de clase. 

Un feliz entretenimiento tras mi jornada intensa de ocho horas diarias

Pegado a la pantalla. 

Setenta personas viviendo en un mismo edificio. 

Dos meses, vaya, que se terminan. 

Así que no quise

No quise irme de esta "residencia" sin la debida venganza.

Ellos disfrutan de estancias más largas, de pieles más tersas.

Yo no, estoy terminando. 

Me estoy terminando. 

No quise, sin dejaros un "regalo". 

Una deposición



*** 




En cada piso (seis pisos) hay tres baños comunes. 

No está permitido dejar nada en ellos, ni toallas, ni jabón, ni champú... 

Ni algo tan básico como el papel higiénico. 

De lo contrario sería retirado por la organización

Aun así, las desapariciones son una constante. 

Pequeños hurtos, importantes fastidios. 

El día antes de irme compré 18 rollos de papel higiénico. 

Para regalarlos a la residencia, y colocarlos en cada baño. 

En un momento en que haya poca afluencia: de madrugada. 

Aunque es difícil en una residencia de setenta estudiantes. 

Aproveché mi última noche, ya hacia las dos de la madrugada como un bandido fui baño por baño "depositando" la pieza. 

Incluso en aquellos pisos que jamás había visitado en dos meses. 

Idénticos al mío. 

Qué extrañamiento.

Por lo demás, no está permitido colgar nada en las paredes.



***



Todos los baños son iguales, y están justo encima uno de otro, coinciden.

Los del ala derecha tienen ventana, están al lado de la habitación número 6 y 7 de cada piso. 

(En mi caso, viví al lado del baño del cuarto 6 del tercero)

Los otros dos baños, del ala izquierda, no tienen ventana, y se encuentran junto a la habitación número 4 y 3. 

Algo que siempre me ha obsesionado, allá donde he ido, es que el rollo de papel higiénico en raras ocasiones se encuentra donde se supone: en su sitio

Solo en los sitios finos aun permanece instalado en la pared, donde debe. 

Por tanto, el papel higiénico, vayas a donde vayas, parece que ya quiere campar sus anchas.

Salirse de. 

En fin, fallos del diseño. 

Desenrollador de papel higiénico, menuda una broma.

Con todo, decidí que obviamente mi preciado objeto iba a ocupar esta posición limítrofe.

Lo más cómodo, sobre el retrete, al lado del botón para tirar de la cadena. 

Lo más fácil. 

Pero importante: jamás abierto. 

Encontrarte con un rollo que no es el tuyo, ya usado, puede causar repulsión. 

Tiene que ser verdaderamente higiénico: nuevo, presto, flamante. 

Dispuesto a ser abierto. 

Es decir, si se quiere usar… alguien debe estrenarlo primero. 

Dar el paso. 

Romperlo. 

Así, la seguridad del pionero: 

-"Nadie lo habrá tocado antes que yo". 

-"Será un rollo extraño pero tengo la fe de que nadie lo ha manipulado primero". 

Pues bien, tras la limpieza una vez la caca, el que haya usado dicho rollo, ¿cómo lo colocará después? ¿será en su sitio? ¿volverá a la misma dirección en la que lo encontró?, ¿qué probabilidad hay de que no le de la vuelta? 

Porque, qué más da… es igual por ambos lados… es sólo papel higiénico. 

Pero esta acción va de eso. De dar la vuelta. 



*** 



Si le da la vuelta, verá que hay unas letras escritas sobre el canto del mismo. 

Letras que estaban ocultas dado que el rollo inicialmente quedaba colocado sobre dicho canto. 

Mostrando el opuesto. 

Ocupando dicha zona intermedia, encontramos unas letras amables, como las de la caligrafía infantil. 

En todos los baños correspondiente a las habitaciones 6 y 7 de los seis pisos el mensaje es el siguiente: "No es gris...". 

A continuación, al lado del cuarto 4 también en los seis pisos, tenemos: "...Ni negro...". 

Y por último, junto a la habitación 3, "...solo marrón". 

Como en cada piso generalmente nos conocemos (vivimos unas 10 personas en cada uno), tal vez este extraño encuentro suscite algún tipo de comentario por parte de los colegas. 

Incluso si primero usas un baño y luego, porque está ocupado o porque simplemente te va mejor, vas al otro… te darás cuanta de que algo pasa... 

Y acto seguido reparas en que hay puntos suspensivos entre una frase y otra, con lo cual... 

…en el caso hipotético de que pienses juntar los tres rollos de papel (unir metafóricamente los tres baños), conseguirás la frase completa. 

Si se juntan queda: "No es gris ni negro, solo marrón". 

En una residencia en la que no se habla prácticamente dicho idioma, se acrecienta su carácter enigmático. 

No solo porque es mi idioma sino porque la referencia a la canción de la que se extraen las palabras es en castellano. 

Además aumenta la extrañeza en un lugar donde, en sintonía con estos tiempos, prácticamente todo es en inglés. 

El marrón... 

Puede parecer una broma sencilla pero es todo lo contrario, apela a lo más profundo de nuestro ser.



***



En un tiempo de verdadera limpieza étnica (con todas las comillas que se le pueda añadir a ambos términos), y en concreto en una residencia multicultural (tantas otras comillas más) la cuestión de la higiene es motivo de lucha diaria, constante, generadora de todo tipo de odios y contrastes.

Regalando lo más básico pero a la vez una de las cosas más útiles de nuestro día a día, lo que estoy haciendo es recordar nuestra fisicidad y tratando de despojar el miedo a tocar, a mancharse, y que tal vez con ese vecino con el que no hablas, que habla otro idioma y que es de otra cultura, puedas compartir una anécdota e incluso una sonrisa con esta pequeña, discreta y humilde acción.

Por otro lado, no hay ni grises ni negros, apelo al marrón como término que evidentemente hace referencia a eso que tanto asco nos genera, y debido a ciertos malestares de carácter homófobo vividos y que tienen en el culo su residencia, puede tratarse de un juego irónico "terminar" en esa parte del cuerpo de las personas.

Todos los insultos van a parar ahí, no hay nada más vergonzoso en el cuerpo humano.

Es así que hay un deseo de decir: no pasa nada.

Que proscribir partes del cuerpo resulta un juego demasiado totalitario, y que, si todo va bien, todos somos lo mismo, todos devenimos "tránsito".

Y que de esta manera tan metafórica he querido expandir mi abrazo a este edificio.

Por último, estas palabras son rescatadas de la canción de Carmen Santonja (Vainica Doble) que en su momento popularizó Luz Casal. Es una letra que también relativiza cierto sentimiento de tristeza massmediada, para evocarnos a la realidad misma del marrón, porque no hay culpables, no hay causas, solo contingencia.


***







Pienso al despertar, que es un día ingrato.

Y voy a llorar, casi todo el rato.

El aire se perfuma de aprensión.

Voy a tener un día marrón.

Día de bruma en mi corazón.


Se presenta mal hoy el panorama.

Me voy a arropar dentro de mi cama.

Me clava la amargura su aguijón.

Voy a tener un día marrón.

Día de bruma en mi corazón.


Un día tonto, de pronto, sin una razón.

No es gris ni negro, es sólo marrón.

El día en que se te pega al cuerpo el camisón.

No es gris ni negro, es sólo marrón.


Pienso al despertar, que es un día ingrato.

Y voy a llorar casi todo el rato.

Crece como la espuma mi obsesión.

Voy a tener un día marrón.

Día de bruma en mi corazón.



***